Editorial #001

Para muchos cinéfilos que rondamos los 30 años y que no tuvimos la oportunidad de nacer o vivir en una gran ciudad, el programa de televisión ¡Qué grande es el cinefue una de nuestras pocas vías de escape ante un estado de las cosas realmente deprimente. España es un país que nunca ha cuidado el cine. Lejos quedaban los tiempos, que muchos mayores nos señalaban como algo mítico, en el que el canal público hacía su trabajo y llenaba sus noches y madrugadas de películas de muchos directores y muchas nacionalidades hoy imposibles de programar. ¡Qué grande es el cine! con sus copias dobladas al castellano y de calidades realmente repulsivas en muchos casos era un triste consuelo, pero viendo lo que vino después, con el supuestamente progresista gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, hoy permanece como algo heroico e irrepetible en un ente público que nada en la intrascendencia.

Entre todos los invitados que José Luis Garci llevaba a su programa, destacaba por su soltura, conocimiento y pasión Miguel Marías. Siempre que él estaba, el resto de contertulios, salvo quizás Garci, desaparecían por completo. Nadie era capaz de seguir el ritmo de Marías, la facilidad con la que manejaba la información (otros llevaban papeles y libros, Marías apenas una pequeña papeleta) y las referencias, la alegría con la que parecía inventar conceptos que explicaba con sencillez y gestos a la audiencia; y, sobre todo, la insobornable coherencia de su discurso, sin necesidad de apoyarse en lugares comunes ni defender o perdonar aquello que fuese un paso más allá, más adelante o más atrás, de lo que él creía.

Después descubrimos al crítico y con placer encontramos a alguien capaz de transportar la alegría de su verbo a las palabras, que fluían de manera prodigiosa en textos que te maravillaban por su capacidad explicativa a la vez que su goce literario. Y como siempre, la evidencia de su discurso, la fuerza con que defendía aquello que le gustaba. Marías nunca ha necesitado casarse con nadie. No se ha unido a camarillas y quizás por eso ha sido expulsado y marginado de muchos círculos, llenos de chupópteros y trepaparedes. Su negativa a relajarse en su exigencia con el cine español (con el que siempre ha sido muy crítico, a la vez que pasional a la hora de defender aquello que consideraba valioso) o a perdonar discursos que él creía equivocados le ha generado muchas enemistades, de ahí que prácticamente se encuentre desaparecido de la mayor parte de revistas de crítica (en papel u online) de habla hispana. Para vergüenza de sus responsables, jamás ha salido un artículo suyo en la edición española (ya convertido en mero contenedor publicitario de sus responsables) de Cahiers du Cinéma, él, que ha sido el más cahierista de los críticos españoles, aunque fuese solo por su conocimiento de la revista original, de sus tendencias, de sus defensas y sus políticas. No se puede decir lo mismo de otros. Marías siempre ha encontrado mayor reconocimiento fuera, en la Internacional Cinéfila, o como dice Mekas, en la nación cine. Entre muchos estudiosos y cinéfilos que han atravesado la historia del siglo veinte a través de las películas. Algunos ya fallecidos, como João Bénard da Costa o Peter Von Bagh, u otros todavía militantes como David Bordwell, Adriano Aprà, Freddy Buache o Jean Douchet. Marías seguramente se encuentre en esa categoría, pese al olvido en su propio país.

Por eso, desde este humilde blog queremos hacer una obra divulgativa y desinteresada. Construir un espacio de diálogo y exposición a partir de los trabajos de Miguel Marías. Bucear en las diferentes revistas en las que escribió y rescatar textos que consideramos necesarios, tanto por su fuerza literaria como su necesidad crítica en un tiempo donde el relativismo y la postura posmoderna campan a sus anchas. Marías nunca pretende en sus textos construir una teoría cinematográfica, pero sí que ha erigido con coherencia y ahínco, crítica a crítica, un modo personal de acercarse al cine, que es al mismo tiempo vibrante y educativo. Leyendo a Marías, como a Bazin, a Godard, a Daney, a Guarner o a muchos otros, somos mejores cinéfilos. A ritmo de uno o dos artículos por semana esperamos poder crear un conjunto de textos de fácil consulta para descubrir al crítico y adentrarse en su cinefilia.

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